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may
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Contexto de la Ancestralidad

En el Pacífico colombiano, la población negra, mayoritaria en número, por mucho tiempo vivió “marginada” -en el plano geográfico y político- en la sociedad nacional. A partir de la abolición legal de la esclavitud (1851-52), las migraciones de esclavos pero también de libres negros se  intensificaron hacia las selvas húmedas del litoral Pacífico, entonces poco pobladas y sin vías de  comunicación, para dar lugar a asentamientos rurales a lo largo de los ríos. Allí los pobladores negros practicaban la agricultura, la caza, la pesca, el lavado del oro, en interacción frecuente, aunque distante, con los grupos indígenas – embera y waunana en el norte y en el centro, y awa en el sur- y, de manera episódica, con comerciantes blancos que les compraban productos de recolección forestal (caucho, corteza de mangle para la curtiembre, tagua, entre otros) y, a partir de los años  1950, madera para la construcción. De este historia particular, la fase de la esclavitud desapareció de la memoria hablada: esta especie de  amnesia colectiva que pretende borrar sufrimientos y humillaciones, este olvido necesario para la recomposición social pos esclavista (A.M.Losonczy, 1996) funciona igualmente como un  non-dit colectivamente asumido que constituye un elemento de unión identitaria entre pobladores originarios de partes tan variadas (las haciendas del altiplano, las minas del piedemonte, l as plantaciones, las casas de ciudad, etc.. sin hablar de orígenes anteriores de las que poco se conoce), con experiencias disímiles y que sólo a partir del siglo XIX empiezan a “compartir” una historia regional común : la del Pacífico5

Mas allá de esta unidad fundamental, el poblamiento se realiza según el modelo de un archipiélago de pequeñas comunidades distribuidas a lo largo de los ríos, autónomas y regidas por el parentesco en donde la memoria se construye con base en referencias exclusivamente locales y contextuales, en función de las relaciones que se establecen con las poblaciones vecinas, los recursos y los territorios disponibles: “la autoctonía en el territorio se vuelve  ontológica y compartida con los demás” (Losonczy, 1996, p. 170, subrayado por el autor, trad.OH). En estas condiciones, “la memoria “negra” surge en plural: una multiplicidad de temporalidades (OH: y de espacialidades) yuxtapuestas, articuladas en matrices culturales diversas” (ídem, p. 171). La misma autora habla de un “régimen de memoria disperso y discontinuo”, asociado con “identidades de crisol de fronteras abiertas y movedizas” (ídem, p. 165).

Sin embargo, si bien la categoría de “comunidad negra” es de aparición reciente en los discursos, no se puede negar la existencia muy anterior de una noción similar, ampliamente difundida  -y utilizada- al interior de las poblaciones negras. Ésta se fundamenta en aspiraciones y experiencias compartidas que, aunque frecuentemente no expresadas (la esclavitud como se ha mencionado, pero también la confrontación diaria a la discriminación racial y a la exclusión), forjaron en la historia un sentimiento de pertenencia a  un conjunto social de fronteras difusas, no nombrado, construido en oposición a otros conjuntos que sí son identificables: los blancos principalmente, los poseedores, los dominantes, los habitantes de los Andes, los Indígenas, entre otros. Combinando de manera desordenada criterios geográficos, socioeconómicos, raciales, esta “comunidad” negra se traduce por ejemplo, en el cotidiano, por las expresiones vocativos de uso común y exclusivo de las poblaciones negras: “primo”, “familia”, “mi sangre”, “mi raza” son expresiones empleadas frecuentemente entre personas del Pacífico que apenas se conocen o que simplemente se cruzan sin conocerse. Así mismo, dos jóvenes negros en las calles de Bogotá tendrán tendencia a saludarse, aunque sea simplemente levantando las cejas, significándose así reconocimiento mutuo y connivencia silenciosa frente a una población mayoritaria no negra de la que habría que defenderse (cosa que no se vería en Cali por ejemplo, donde la población negra alcanza 25% de la población total, cf. Barbary, en prensa).